lunes, 23 de marzo de 2009

P2P: nueva forma de descarga ilegal por Internet.


La descarga de música por medio de servidores y programas en Internet está cada vez más en el punto de mira de políticos y las autoridades en general.
En un principio, la gratuidad de este servicio fue una revolución, gracias a programas como el Naspter (1999). Sin embargo, no tardó en ser penalizado y lo pudimos comprobar teniendo que cambiar de programa cada año más o menos (todos hemos pasado primero por el Napster, KazaA, Ares, Emule, etc..).
No obstante, los informáticos más abispados han ideado nuestras formas de descargarnos música por internet sin tener que pagar ni un céntimo. La última novedad son las descargas P2P (peer to peer), que consisten en que el usuario se convierte en cliente y servidor, los usuarios están interconectados por lo que la conexión va más fluida. Además, este servicio permite que podamos descargarnos la canción a nuestro ritmo, por partes, es decir, al no ser un servidor la base de todo, sino que son enlaces a otras páginas, no hay bloqueos, ni colas, ni canciones permanentemente esperando comenzar la descarga. Este sistema de enlaces distribuidos por toda la red permite una mayor grado de dificultad para encontrar a los responsables de estas nuevas formas de descargas ilegales.
A pesar de todo, se han iniciado políticas de espionaje por parte de los gobiernos europeos (siendo Francia la pionera) para penalizar a aquellos usuarios que descarguen música o películas gratuitas por Internet. Esta medida se ha llevado a cabo a pesar de lo costoso de su implantación. Se está tratando de poner en práctica en el resto de países, presionando principalmente a España por ser uno de los mayores consumidores de música gratuita por la red.
Como consumidora ocasional de este servicio ilegal, me gustaría decir que según Benjamín Arregocés y Juan Carlos Miguel de Bustos la venta de politonos vía sms, de descargas de música de pago por Internet, y el aumento (o la estabilidad) de CDs tradicionales ha contribuido al mantenimiento de las discográficas. Por ello, en contra de lo que muchos usuarios pensábamos, los autores y sus empresas no se han visto perjudicadas en exceso por la revolución de la música gratuita.
En definitiva, si todos salimos ganando, ¿por qué llevar a cabo medidas tan drásticas de espionaje de particulares violando el derecho a la intimidad por parte de los gobiernos, gastando además tanto dinero público tan necesario en tiempos de crisis?

domingo, 15 de marzo de 2009

Hipertexto

El nacimiento del hipertexto provocó el alboroto entre informáticos y escritores. La confusión entre el concepto de hipertexto como texto electrónico y modo de producción literaria no secuencial ,hizo necesario un estudio específico sobre este tema. ¿Qué es exactamente el hipertexto y cómo nace?
T.Nelson fue el padre de este término que significa un nuevo modo de escribir o leer, en el cual, cada unidad textual puede llevarnos, a través de un enlace, a otra idea. Esto se contrapone a la concepción tradicional que tenemos del texto, en el que leemos y hablamos de forma secuencial.
A él le siguieron otros estudiosos del tema como Bush, Nelson, Lèvy, etc.
En el campo de la literatura Jorge Luis Borges es el más destacado. En este ámbito algunos autores consideran que existen matices entre el hipertexto digital y el literario, sin embargo, otros, como Nelson creen que el uno se hizo a través del otro. Nelson lo definió como “un sistema en evolución de documentos interconectados. En cada literatura en evolución existen continuas interpretaciones y reinterpretaciones. El vínculo entre documentos nos ayuda a seguir las conexiones”. Un gran ejemplo de ello es Borges, que a través de sus palabras, llegamos a mil ideas distintas que, a veces, no tienen que ver con la inicial. Es un tipo de literatura tan nuevo que puede que el público actual no se encuentre preparado para afrontar.

lunes, 9 de marzo de 2009

Webs visibles e invisibles

Pocos usuarios de internet sabíamos que existía la web invisible y la visible, además de una importante diferencia cualitativa entre ellas. Antes, cuando teníamos que buscar información sobre algún tema, no teníamos nada más que teclear la palabra que resume lo que buscamos en Google y de ahí sacábamos toda la información, proviniera de dónde fuera. No nos preocupábamos de su autenticidad ni de si era información más o menos científica.
Las webs que Google, como otros buscadores, nos proporciona son las denominadas webs visibles, que recuperan información de las páginas libres de internet y no de las bases de datos.
Con el fin de hacer nuestras búsquedas un poco más fiables, se crearon las webs invisibles, es decir, de bases de datos. Como ya sabemos, éstas poseen información trabajada, comparada, machacada y leída y releída por expertos sobre el asunto, y no por meros usuarios de internet (tales como nosotros) que sólo buscan dar una somera opinión sobre un tema, sin haberlo estudiado en profundidad.
Gracias a esto, podremos elegir el tipo de información que deseamos estudiar y el tipo de trabajos que queremos hacer, ya sea opininando como los demás, o haciéndolo un poquito más científico.

jueves, 5 de marzo de 2009

¿Digitalización del patrimonio?

Como siempre, internet nos ofrece servicios con ventajas cada vez más sorprendentes. Desde hace no mucho tiempo podemos leer un libro desde casa, sin necesidad de comprarlo en la librería o sacarlo de la biblioteca. ¿Cómo? Descargándolo por internet.
Google fue el pionero en este servicio digitalizando numerosos libros desde 2004. El acuerdo que firmó con bibliotecas anglosajonas suscitó la polémica y a partir de ahí hemos asistido a muchos debates acerca de los beneficios de este nuevo servicio por internet.
Todas las empresas implicadas defienden la importancia de la preservación del patrimonio, sin embargo, pocas reconocen que este inocente objetivo esconde una motivación de fondo más relevante: hacer negocio. Después de que Google se aprovechara durante años de esta situación, en 2009 fue demandado por numerosos escritores que reclamaban sus derechos de autor. Los responsables aceptaron gustosos de pagar una cuantiosa suma, pero el negocio continúa, no sin medidas de seguridad más estrictas para la defensa del autor.
La pregunta es: ¿hasta qué punto nos beneficia la digitalización del patrimonio? Es muy cómodo no tener que salir a comprar un libro, pero ¿qué hay de la satisfacción de tocar sus páginas o de que no te piquen los ojos al leerlo directamente de la pantalla del ordenador? Otra pregunta que me gustaría lanzar al aire es: ¿dónde están los límites de internet? ¿acabaremos obteniéndolo todo a través de la web, de tal forma que acabemos siendo meras mentes pensantes con los músculos atrofiados y el culo plano? Ahí queda eso.